Cría Cuervos ● El Dedazo en Tlaxcala. Entre el Apoyo Oficial y el Descontento Ciudadano

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“El dedazo es una costumbre política mexicana que se niega a abandonar el escenario.”

Grupo Milenio

Hoy en Cría Cuervos…

Tlaxcala asiste a un proceso de selección interna en Morena que, lejos de ser un ejercicio democrático de altura, se ha convertido en un reflejo de las viejas prácticas políticas que la Cuarta Transformación prometió sepultar. Nos guste o no, la disputa por la Coordinación Estatal en Defensa de la Transformación es la antesala de la candidatura a la gubernatura en 2027 y enfrenta a dos figuras principales: la senadora con licencia Ana Lilia Rivera Rivera y el alcalde con licencia Alfonso Sánchez García. Pero la contienda no es pareja. El peso del aparato gubernamental se ha inclinado de manera ostensible hacia un lado, y el costo para la democracia interna y para el estado podría ser alto.

El dedo de la gobernadora, Lorena Cuéllar Cisneros es el apoyo que pesa más que las encuestas, porquedeja de lado cualquier intento de neutralidad. Su respaldo a Alfonso Sánchez García no es un rumor de pasillo, es un hecho público y escenificado. Ambos encabezaron la “Marcha por la Defensa de la Transformación” en la capital tlaxcalteca, un evento que más allá del discurso oficial, funcionó como una plataforma de posicionamiento para el exalcalde capitalino. Las porras coreadas por los asistentes -“¡Alfonso, amigo, el pueblo está contigo!”- y el protagonismo otorgado a Sánchez García en el templete no dejaron lugar a dudas: el evento fue un escaparate para su candidatura.

Este apoyo gubernamental se traduce en una encuesta de “Arias Consultores” publicada en agosto coloca a Sánchez García con un 39.2% de las preferencias internas, 12 puntos por encima de Rivera Rivera. Sin embargo, el contexto de esta medición es crucial: el respaldo de la gobernadora, con su capacidad para movilizar recursos, estructuras y militancia, distorsiona cualquier ejercicio de opinión. No es una contienda de méritos, sino de poder.

El costo de la imposición, viene con amenazas, recursos públicos de las arcas gubernamentales y un proceso cuestionado para posicionar a un aspirante, es una práctica que el PRI, en un giro irónico, ha denunciado. El partido tricolor ha anunciado que presentará denuncias penales ante la FGR, la Fiscalía estatal y el ITE por el presunto uso de instalaciones oficiales, como la Casa de Gobierno, para preparar propaganda proselitista a favor de Sánchez García. La denuncia del PRI, aunque pueda ser interpretada como un acto de oportunismo político, pone el dedo en la llaga de una de las mayores vulnerabilidades del proceso, osea el uso de lo público para fines particulares, y por tal la Constitución es clara en el artículo 134: los recursos públicos deben ser imparciales.

Pero el uso de recursos no es la única arista de la presión. La exsíndico municipal de Tlaxcala, Katy Valenzuela, quien lidera un grupo de liderazgos comunitarios que respaldan a Ana Lilia Rivera, denunció que no existe “piso parejo” en el proceso y que se han ejercido “presiones y amenazas” para favorecer la imposición de Sánchez García. “El interés del pueblo debe estar por encima de cualquier interés personal”, sentenció Valenzuela, al tiempo que cuestionó que un “grupo reducido” pretenda influir en la definición del proyecto rumbo a 2027. Estas declaraciones revelan un clima de hostilidad y coerción que contradice el discurso de unidad y democracia participativa que Morena pregona.

Incluso hay reportes sobre la caída de tres funcionarios en Chiautempan en relación con la propaganda de Sánchez García, lo que apunta a que el asunto ya está generando costos políticos y legales en el corto plazo.

En un primer escenario. ¿Qué pasaría si gana Alfonso Sánchez? Si la imposición se consuma y Alfonso Sánchez García se convierte en el coordinador de la 4T, Tlaxcala se enfrentaría a un escenario de continuidad a ultranza. Su administración al frente de la capital, según su propio informe, se ha centrado en obras de infraestructura, seguridad y la implementación de un asistente virtual. Sin embargo, este perfil de “gestor” contrasta con la narrativa de transformación. Su triunfo consolidaría el poder de una élite morenista que ya controla el estado y que, según las denuncias, no duda en utilizar el aparato público para perpetuarse. Sería la victoria de la inercia política, donde el “segundo piso de la Cuarta Transformación” se traduce en el mismo piso de siempre, pero con nuevos colores.

Además, su victoria profundizaría la fractura interna del movimiento. Los liderazgos que hoy respaldan a Ana Lilia Rivera ya han manifestado su descontento, y la imposición de un candidato desde la cúpula podría alienar a una base importante del partido, generando costos políticos para la elección de 2027.

En un segundo escenario. ¿Qué pasaría si gana Ana Lilia Rivera? Su victoria representaría una sacudida al establishment político de Tlaxcala. Su trayectoria como senadora y su mayor conocimiento entre la población, con un 46.0% frente al 30.5% de Sánchez según una medición de Rubrum, -hasta el día de hoy 25 de agosto- le otorgan un perfil distinto. La encuesta de El Universal de abril muestra que Rivera es mejor valorada que Sánchez en honestidad, cercanía y conocimiento del estado, lo que sugiere que su imagen es percibida como más limpia y comprometida. Ganaría sin el “dedazo” de la gobernadora, demostrando que hay una base social que respalda un proyecto alternativo. Su triunfo sería un golpe al autoritarismo interno y un espaldarazo a la idea de que la militancia, y no los gobernantes, debe decidir los destinos del partido.

Sin embargo, su victoria implicaría una confrontación directa con el poder instalado, lo que podría desatar una guerra de desgaste que debilite al movimiento morenista de cara a las elecciones generales. La gobernadora Cuéllar no vería con buenos ojos la derrota de su delfín, y la unidad de la 4T en Tlaxcala quedaría en entredicho.

La paradoja de la transformación, es quela selección del coordinador de la defensa de la 4T en Tlaxcala está exponiendo las contradicciones más profundas del movimiento: la contradicción entre el discurso democrático y la práctica autoritaria, entre la promesa de un nuevo hacer político y la reproducción de las viejas mañas, entre el pueblo que supuestamente manda y los gobernantes que deciden por él.

Pero la disputa no se agota en el duelo Sánchez-Rivera. Detrás de los reflectores, otros ocho aspirantes esperan su oportunidad en una contienda que, para muchos de ellos, parece una carrera de fondo con obstáculos insalvables.

Salvador Santos Cedillo, alcalde con licencia de Huamantla por el PVEM, irrumpe en la contienda con un dato que no puede ignorarse: es el único alcalde de Tlaxcala con altos índices de aprobación ciudadana. Su gestión en Huamantla, enfocada en turismo e infraestructura, lo ha colocado en el lugar 19 del ranking nacional de Mitofsky. Sin embargo, en las encuestas internas de Morena apenas alcanza el 10.4% de las preferencias.

Irma Yordana Garay Loredo, diputada federal con licencia por el Partido del Trabajo (PT), representa la cuota femenina y la alianza con el PT. Nacida en Nuevo León pero representante del distrito 3 de Tlaxcala, su perfil es el menos conocido de la contienda, con apenas un 0.7% en las encuestas. Su participación parece más un gesto de presencia del PT que una aspiración real a la coordinación.

Carlos Augusto Pérez Hernández, exdiputado federal y exdirigente estatal de Morena, es un veterano de la política tlaxcalteca con 25 años de trayectoria, tiene apenas un 1.5% en las encuestas, su candidatura parece más un reconocimiento a su trayectoria que una opción real de contienda.

Raymundo Vázquez Conchas, diputado federal por el PVEM que se cambió a la bancada de Morena, ha presentado 17 iniciativas en la legislatura, incluyendo la declaración del Día Nacional de la Cultura Tlaxcalteca. Sin embargo, él mismo ha reconocido que Ana Lilia Rivera está mejor posicionada en los recorridos territoriales, aunque descarta bajarse de la contienda hasta el final.

Floria María Hernández Hernández y Héctor Bernardo Paredes Mora, impulsados por la organización “Unidad de las Izquierdas”, se presentan como la “tercera vía”. Su propuesta: posponer el nombramiento hasta después de las Fiestas Patrias y el Informe de la presidenta Sheinbaum para evitar que la decisión se tome bajo presión.

Concepción Sánchez González, originario de San Cosme Xaloztoc, se presenta como el candidato del campo tlaxcalteca, con un discurso centrado en el rescate del sector agrícola. Vicente Emiliano Ponce Cano completa la lista de ciudadanos que, sin estructuras ni apoyo económico, buscan demostrar que “existe otra forma de hacer política”

Y te Sacaran los Ojos…

Sea quien sea el elegido, Tlaxcala asistirá a un proceso donde la militancia será, en gran medida, un testigo más que un protagonista. La contienda ha dejado expuestas las fracturas internas, el uso de recursos públicos para posicionar a un aspirante y el descontento de quienes, como directivos y docentes del subsistema Cecyte-Emsat, denuncian presiones y amenazas para inclinar la balanza, y eso es en solo un sector, faltan las demás universidades, tecnológicos, politécnicas que también a base de una posible presión realizarán su voto preferencial por uno o por otro.

Pero el verdadero costo de este proceso no se medirá en el resultado de la encuesta. Se medirá en la confianza que los tlaxcaltecas depositen en un movimiento que llegó al poder prometiendo democracia, pero que en la práctica parece reproducir las viejas mañas del PRI. Los ciudadanos que hoy observan este proceso, aquellos que no tienen padrinos ni reflectores, son el espejo donde Morena debe mirarse.

Si la “Cuarta Transformación” se reduce a una sucesión pactada entre dos grupos de poder, entonces la transformación habrá sido solo un cambio de nombre, por que llegó al poder con la promesa de “no mentir, no robar y no traicionar”, y hoy se enfrenta a su propio espejo, y el reflejo, la mayoría de las veces, no es el de una revolución de las conciencias, sino el de un continuismo que solo cambia el color del poder.

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